Estimados amigos, volvemos a encontrarnos un número más y casi en el ecuador del año podemos decir que, gracias a la Providencia, continuamos al pie del cañón… ¡y con la que cae!
Que estamos en medio de una crisis económica o desaceleración, (que cada lector escoja la palabra que más se ciña a su visión particular) no pasa desapercibida para ningún científico humanista, en primer lugar, porque vivimos todos en la misma sociedad y en segundo término porque las restricciones afectan a los recursos económicos que financian nuestros trabajos o nuestras subvenciones.
Como historiadores que somos, crisis se viven cada cierto tiempo, cambios de ciclo económicos, definirán los más puristas, y testigos somos en nuestras investigaciones que han quedado grandes tesis y ponencias plasmando la realidad en su contexto histórico, social y cultural.
La pregunta que me hago en ocasiones es, ¿Cómo afectan a las personas y sus relaciones sociales estas crisis? Y permitidme que os haga reflexionar con una pregunta al aire ¿No os habéis dado cuenta que cuando las necesidades primarias ,materiales y económicas quedan sin cubrir o se cubren insuficientemente, las necesidades espirituales ,culturales ,artísticas, en definitiva las humanísticas, se dejan en un segundo plano o se suprimen simplemente?.
Cualquiera podrá argumentar, no quitándole su parte de razón, que satisfacer los gastos cotidianos, preocuparse por las subidas de precios, la supresión de puestos de trabajo, el alza del Euribor, bastantes esfuerzos personales y quebraderos de cabeza conllevan.
Pero amigos, sinceramente, el dinero o su carencia no nos debe llevar a una desesperanza humanística, adaptaremos nuestros recursos para capear el temporal “temporal” y nos centraremos en no perder nuestros objetivos, con ilusión y optimismo. Ya vendrán tiempos mejores, y ante todo, ciudadanos del siglo XXI, está en nuestras manos ser los seres más “humanistas” porque tenemos las herramientas para llevarlo a cabo…conciencia social, acceso al conocimiento más pleno que haya podido tener ninguna era hasta ahora y por supuesto como consecuencia de ello, la posibilidad de cuidar y conservar nuestra historia, nuestra cultura y nuestro medio ambiente, en definitiva, nuestro patrimonio mundial más preciado.
La Fundación, en la medida de sus posibilidades, no olvida cuales son sus objetivos, a corto y largo plazo; si debe posponer algunos proyectos para más adelante es, sin duda, para optimizar nuestros recursos personales y económicos en este ejercicio.
La nueva Junta directiva y los elementos que contribuimos al día a día de la institución nos encargaremos de ello, y para ello me debo remitir a los eventos en los que participamos como las I Jornadas Templarias de Madrid y a la satisfacción de informar de que cada uno de los proyectos que se han puesto en funcionamiento en este año continúan con paso firme, sin pausa, dentro de los plazos prefijados.
Adaptados a las circunstancias temporales y materiales, procuramos que no se pierda el estudio de las humanidades y cuando unos detienen su caminar cavilando y vacilando, otros, más humildes no cejamos en contraponer nuestro tesón a las piedras del camino.
“Be water, my friend”
José Ignacio Espada
Director de Nuntius
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