n pequeño homenaje a la investigación historiográfica

 

En este comienzo del siglo XXI, y contando con los avances tecnológicos existentes, y que afectan a todos los campos científicos y sociales, hemos de reflexionar sobre algo fundamental que en muchos momentos no recordamos.

Nuestros investigadores, historiógrafos, historiadores, recopiladores, se nutren de unas fuentes que fueron encontradas y puestas a nuestra disposición por un reducido número de hombres eruditos y con “simple” interés de adquisición de conocimiento, a costa de dedicar toda una vida a la búsqueda de esas herramientas que son un punto de partida para cualquier miembro de la comunidad científica.
Muchos de dichos historiadores pudieron encontrar las fuentes autenticas y que hoy en día ya nos son inaccesibles por diversos motivos como pueden ser el inexorable paso del tiempo o las guerras que destrozan nuestros tesoros.

La época medieval es, sin duda alguna, una de las épocas de más difícil estudio por la cada vez menor existencia de  los elementos vitales para nuestra materia como son los documentos escritos, sepulcros, pinturas, edificaciones, etc.…
Pero todo aquello que todavía conservamos y está a nuestra disposición, no lo debemos desaprovechar y beneficiándonos, de la rapidez en los medios de transporte, en la transcripción y digitalización de documentos antiguos, en el agrupamiento de fondos documentales e históricos, hemos de encontrar  el acicate para rentabilizar nuestro tiempo de investigación y alumbrar nuevos descubrimientos en nuestra materia.

Por ello la dedicatoria no sólo para nuestros ancestros historiadores sino para todos aquellos que dedican gran parte de su tiempo a iluminar al resto de la humanidad gracias a su objetividad, veracidad y rigor científico

José Ignacio Espada

Director de “Nuntius”

    Volver