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I CONFERENCIA |
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LA ORDEN DEL TEMPLE Y SU PRESENCIA EN TIERRAS DE MURCIA
A CARGO DE:
D. JOSÉ-ANTONIO MELGARES GUERRERO
Escritor, historiador, y cronista oficial de Caravaca de la Cruz |
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20 de abril de 2007
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Antes de comenzar, y a manera de introducción, quiero agradecer a la Fundación “Instituto Campomanes de estudios medievales” la confianza depositada en mi persona para dirigirles esta tarde la palabra dentro de las Primeras Jornadas Templarias de Murcia, compartiendo programa con tan ilustre personaje como D. José Juan I Buixeda, prior del Gran Priorato de España de la Orden Soberana y Militar del Templo de Jerusalem. La osadía de quien les habla al presentarme ante tan docto auditorio, sólo se palia por la satisfacción de sentirme uno más entre ustedes en tan singular ocasión y en una tierra de vieja colonización templaria, donde se respira el aroma de la Historia y se siente cada mañana, al despertar, el rocío de los tiempos pasados. Quien les habla viene de las tierras altas del Noroeste de la Comunidad Autónoma de esta región de Murcia, de la ciudad de Caravaca de la Cruz, donde nos sentimos orgullosos de nuestro pasado templario, y tenemos a gala haber heredado y practicado durante siglos la hospitalidad, el sentimiento caballeresco y la humilde altivez que, entre otras virtudes, forman parte de nuestro virtual escudo de armas. |
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Como cuestión previa, antes de entrar de lleno en mi intervención, perdónenme una doble reflexión particular en voz alta, con la Orden , nuestra Orden del Temple al fondo. En primer lugar el propio origen de la palabra TEMPLE es francés, así como los mismos orígenes legendarios e históricos de la Orden. Sin embargo, convendrán conmigo que TEMPLE es un galicismo que tiene su sinónimo castellano “TEMPLO”, de ahí que me atreva a llamar la atención de este selecto auditorio sobre la posibilidad de que algún día, en el propio seno de Templespaña y de la Fundación organizadora de estas Jornadas, se abra el correspondiente debate, si es que aún no se ha abierto, sobre la oportunidad, o no, de utilizar el término ORDEN DEL TEMPLO, independientemente de conservar aquella terminología, que forma parte del patrimonio semántico de la propia cultura templaria. Quizás, insisto, no sea original en mi sugerencia, y en ese caso pueda incidir en lo ya planteado en otras ocasiones, si lo fuera…si fuera original mi sugerencia, aquí queda, sobre la mesa, por si merece la pena someterla a debate. En cualquier caso no es mi intención incurrir en la polémica, sino aportar no más que una sugerencia al rico patrimonio cultural templario.
En segundo lugar quiero reivindicar desde aquí el carácter histórico de la Orden del Temple, al margen de la leyenda y las supercherías que al margen también de la realidad, han ilustrado la opinión popular, alejándose de la verdadera memoria histórica envolviendo en un falso halo de misterio y esoterismo lo que sólo fue una época, por cierto muy brillante, de la historia de España y Europa. Y dicho esto, y entrando en la materia de nuestra intervención sobre la presencia histórica del Temple en las tierras de Murcia, comenzaré diciendo que es preciso diferenciar entre lo que significó esta presencia en la Capital de la actual Comunidad y antiguo Reino de Murcia, y lo que significó la creación de la Bailía Templaria en las tierras altas de la Región, y concretamente en lo que hemos convenido modernamente en denominar Comarca Noroeste. |
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Como es sabido, en 1243 se firmó el Tratado de Alcaraz, por el que se consumaba la conquista del reino de Murcia, en tiempos de Fernando III el “Santo”. Razones que no vienen al caso y que tuvieron que ver con la insurrección de los moriscos motivaron la presencia del rey Jaime I de Aragón, suegro del sucesor de Fernando III: Alfonso X “El Sabio”, en tierras de Murcia a finales de 1265, quien tomó la capital y un total de 28 castillos, éxito que indujo al aragonés a quedarse con lo conquistado. Como también se sabe, el rey Jaime no pudo mantener la situación por mucho tiempo, viéndose finalmente obligado a devolvérselo a su yerno Alfonso X. Durante el tiempo que Jaime I mantuvo en su poder los territorios conquistados, los Templarios que formaban parte de sus tropas (como unidad de élite que ahora diríamos), fueron favorecidos con la entrega de ciertas propiedades conquistadas a los moros en la capital, tales como el Alcazar Nasir, posiblemente cuando se hallaba al frente de ellos Pedro de Queralt, lugarteniente del Maestre de Aragón, siendo posible que en estas mismas fechas se fundara el desaparecido Hospital de Santa Catalina, en lo que después sería la Iglesia y Hospital de San Juan de Dios. |
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Emilio León (presidente de FICEM), José Antonio Melgares (ponente) y Juan Antonio Cabezos |
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(Hay que entender que los Templarios, como organización religioso-militar de tipo monástico, necesitaban unos espacios propios donde alojarse y tener la intimidad necesaria para sus celebraciones y oraciones al margen de la actividad militar; de ahí la cesión de lugares para su alojamiento por parte del Rey).
Además del magnífico Alcazar, Jaime I donó al Temple otras posesiones, noticia conocida por la carta real fechada el 7 de marzo del ya citado año 1266, escrita en la misma Murcia, que textualmente dice: “damos y concedemos a Dios y a la Orden del temple Militar, para siempre, por herencia propia, franca y libre, casas que son de abu Kalach, Aben Mahomet y Algonfan. De las mismas casas la que está edificada delante de aquel, que ciertamente están en Murcia, en la parte de los cristianos, y se enfrentan de una parte a las que se dicen de Rebot Alahuet y a las casas de Aben Abdalacid. Damos asi mismo a Dios y a la Orden antedicha, para siempre, todo lo que fue de Alfofaxer y se enfrenta a la muralla y a la vía pública…” Estas casas estaban extramuros de la ciudad y podríamos situarlas urbanísticamente en la actualidad en las inmediaciones de la Gran Vía “Alfonso X el Sabio”, desde el Monasterio de Santa Clara la Real hasta la calle de Jaime I el Conquistador.
(Hago notar en este momento, y como paréntesis en mi intervención, la curiosa terminología en que se expresa el Monarca: “damos y concedemos a Dios y a la Orden…”
Aquel mismo año, pero ya desde Barcelona, El mismo monarca dispuso “por la gracia de Dios” conceder a la Orden del temple otras casas y “el huerto que fue de Alfoxayes, y se enfrenta desde dos de sus partes al muro de la ciudad”.
De aquella presencia templaria en la Capital queda sólo algún texto escrito, como los referidos, y su recuerdo muy difuminado por el paso del tiempo, ya que no hubo una permanencia temporal consistente. En cuanto a la Bailía de Caravaca hay que decir que los historiadores medievalistas murcianos no acaban de ponerse de acuerdo sobre la fecha en que el rey Fernando III el “Santo” concedió esta tierra al Temple, para su defensa frente a la muy cercana frontera con el reino de Granada . |
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Unos afirman que la mencionada bailía templaria, con capital en Caravaca fue entregada al temple en 1244, como expresión de agradecimiento a la Orden Militar que tan activamente había colaborado en la conquista y repoblación del viejo Reino de Murcia. No olvidemos que, gracias a las órdenes militares y a su sistema de guarniciones fijas en los lugares más estratégicos del adelantamiento, en una época en que el ejército permanente era desconocido, fue posible, en gran medida, la continuidad del reino de Murcia en el seno territorial de la Corona de Castilla, la vida relativamente tranquila en el interior de sus encomiendas y el desarrollo relativamente próspero que algunas de las encomiendas alcanzaron en el cultivo de sus tierras y mantenimiento de su economía pastoril.
Don Martín Martínez, Maestre del Temple en los tres reinos peninsulares, acompañó, como se sabe, al Infante D. Alfonso, en las visitas de Alcaraz y Almizrra de 1243 y 1244. Es posible, como acabo de decir, que fuera entonces cuando, insisto, como expresión de agradecimiento y seguro de garantía que suponía entregar una tierra al temple cuando de asegurar los límites o fronteras del reino se trataba, entregara Caravaca, con Cehegín y Bullas, a la Orden. No olvidemos que, según a firma el profesor Torres Fontes en el prólogo a mi libro “HISTORIA DE CARAVACA A TRAVÉS DE SU MONUMENTOS” Alfonso X, todavía “Infante D. Alfonso”, en 1244 se alojó temporalmente en el castillo de Poyos de Celda, en el actual término municipal de Caravaca, cuando marchaba a la conquista de Lorca, encargando durante esas fechas la tenencia de Caravaca a Berenguer de Entenza. |
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Cruz de Caravaca |
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Sin embargo, el rigor histórico, basado en la documentación, impide afirmar a ciencia cierta que fuera esta la fecha en que el heredero de Castilla, en nombre de su padre el rey Fernando III, entregara las tierras de Caravaca al Temple.
Otros historiadores, basándose en hechos probados, se inclinan por al fecha de 1266, veintidós años después, fecha en que la Orden intervino activamente en la recuperación del Reino, como ya se ha dicho, al integrarse en el ejército de Jaime I (suegro como también se ha dicho, de Alfonso X, quien ya era rey desde 1252) D. Pedro de Queralt, lugarteniente del maestre del temple en Aragón, con su hueste, en tanto que los templarios castellanos intervinieron junto a D. Alfonso en la defensa de Andalucía y de la frontera con Granada. La intervención del maestre D. Lope Sánchez, en unión del adelantado Alfonso García de Villamayor y de D. Pedro Nuñez, Comendador Mayor de la Orden de Santiago, fue decisiva para lograr, en junio de 1266 la renuncia de los mudéjares murcianos a las clausulas de la beneficiosa capitulación que les había otorgado meses antes Jaime I, quedando por entero a la espera de la decisión y benevolencia de Alfonso “El Sabio”. Es entonces, según estos otros autores, cuando mejor pudo efectuarse la donación de Caravaca, y sus anexos de Cehegín y Bullas, y construirse la bailía del Temple en dichas tierras del Noroeste de Murcia, ya que la intervención de D. Lope Sánchez, representante directo del Monarca y portador de sus decisiones, debió ser decisiva. Apoya esta hipótesis el hecho de que, cuando en 1266 Alfonso X otorgó a la ciudad de Murcia la jurisdicción que había tenido en tiempos musulmanes, e incluyendo en su término a Mula, el Valle de Ricote y Molina Seca (o Molina de Segura) ninguna mención, sin embargo se hace de Bullas. |
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Sea aquella de 1244 o esta de 1266 la fecha en que las tierras del Noroeste Murciano fueron entregadas al Temple, lo cierto es que con los sobresaltos propios de una tierra fronteriza, los templarios tuvieron la posesión de las mismas hasta la extinción de la Orden en 1310.
La primera mención documental templaria respecto a Caravaca es de 1271, cuando se firmó una concordia entre la Orden y el Cabildo de Cartagena sobre el pago del diezmo eclesiástico del ganado, aves y productos hortícolas de Caravaca, puesto que en lo que afectaba a Cehegín y Bullas se dejaba por entonces en suspenso hasta que en ambas localidades hubiera población, cristiana, ya que conforme a la capitulación, los mudéjares no estaban obligados a pago alguno de sus cosechas a la Iglesia. La Concordia aludida no tuvo efecto duradero por la negativa pontificia a estos acuerdos. El 9 de noviembre de 1282 así lo comunicaba el deán de Cuenca a los comendadores de Caravaca y de Cehegín “Ordinis Templariorum” El tema del impuesto del “diezmo eclesiástico” fue motivo de un serio conflicto con el Obispado de Cartagena, al que siempre perteneció y pertenece el noroeste Murciano, el |
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Castillo de Caravaca |
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cual era regido en ese momento por el obispo Diego Martínez Magaz. Aquella “Concordia” firmada en 1271 fue relajándose en su cumplimiento hasta el extremo de que los de Caravaca dejaron prácticamente de pagar. El obispo Martínez Magaz excomulgó entonces a Caravaca y su término.
Conocemos el documento por el que los caravaqueños pidieron perdón al Obispo, implorando el levantamiento de la excomunión, la peor pena espiritual que en la época a que nos referimos podía imponerse a un particular o a un colectivo social como en nuestro caso sucedió, ya que mientras duraba este castigo no se podían administrar sacramento alguno en la demarcación geográfica castigada, con lo que los moribundos se marchaban de esta vida sin perdón de sus pecados y sin la fortaleza de la Eucaristía y la Extremaunción. Es más, los súbditos quedaban exentos de la obligada lealtad a sus gobernantes, pudiendo producirse levantamientos sociales que a nadie, y menos a los gobernantes convenían.
El documento en cuestión, lo publiqué en 1991 en mi libro “Crónicas para la Historia de Caravaca” , conservándose el original en el Archivo de la Catedral de Murcia. El mismo recoge el juramento de los caravaqueños de “pagar sus derechos al Obispo D. Diego…los pasados y los de aquí en adelante, que prometemos dárselo bien y cumplidamente tal como se hace en Murcia y en todo su obispado…” El documento se dirige al Obispo: “para se conduela de nuestras almas y daños, y nos absuelva de su sentencia y nos envíe clérigo que esté al servicio de Dios y salvación de nuestras almas”. El Obispo levantó la excomunión con motivo de la Navidad de aquel año 1.285. También fue un año aciago aquel para la administración templaria caravaqueña. Coincidiendo con el período de tiempo en que duró la excomunión, y concretamente durante el segundo semestre del año aludido, el arraez de la cercana ciudad de Huescar, al otro lado de la frontera con Granada, en una rápida incursión por estas tierras de al lado de acá, arrebató con sus huestes el castillo de Bullas, ante la escasa o nula resistencia que pudo oponerle su corta guarnición. Mal informado el monarca (ya Sancho IV, hijo de Alfonso X), o rencoroso por la actitud del temple en el problema sucesorio acaecido poco tiempo atrás (ya que, como saben, la lealtad templara a Alfonso X no estuvo de acuerdo con el destronamiento de aquel por su hijo, el citado Sancho, apellidado “el Bravo”),culpó al comendador templario de la bailía de Caravaca, Bermudo Menendez, de la derrota de Bullas, y dispuso la vuelta de la bailía al REALENGO, erigiendo en villa a Caravaca y dándole a ésta, como aldeas, Cehegín y Bullas, más el fuero de Alcaráz para las tres localidades. |
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La decisión del Rey Sancho fue a todas luces precipitada, por lo que hubo de rectificar pronto ante la realidad de lo sucedido. El historiador caravaqueño Juan de Robles Corbalán, que escribió su “Historia de Caravaca” en 1614, relata como el maestre Sancho Yañez y su comendador mayor Fernando Paez, que residían a la sazón en Caravaca, con el apoyo de Fernán Pérez de Guzmán, Adelantado Mayor del Reino, pudo recuperar el Castillo de Bullas, el cual sería demolido para evitar nuevas sorpresas, y así quedaría durante siglos por la conveniencia de reagrupar las fuerzas de la bailía.
Debió perder la Orden su señorío y dominio en la bailía por poco espacio de tiempo, pues Caravaca, conforme a la disposición de Sancho IV, fue devuelta poco tiempo después al Temple. Con motivo de esta incursión del arraez de Huéscar Alí Mohamed, y la consiguiente caída en manos sarracenas del Castillo de Bullas a que acabamos de referirnos, los templarios previeron el que nunca más pudiera haber sorpresas de esta naturaleza, y se decidieron a crear una línea de vigilancia e información por el suroeste de la bailía, erigiendo las torres de Jonquera y Represa, aún en pié, desafiando el paso del tiempo. Estas torres formaron parte de una línea de comunicación que, desde el castillo de Los Poyos de Celda, podía comunicar la presencia del enemigo musulmán a Murcia en poco más de diez minutos, utilizando señales ópticas convenidas. La línea indicada comenzaba, como digo, en Celda, desde donde se comunicaba el mensaje a la torre de Jorquera. Desde aquí a Represa y desde esta última a la Torre Chacona, o “Torre del Homenaje” del Castillo de Caravaca. |
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Desde Caravaca la señal se transmitía al Castillo de Cehegín. Desde aquí al posteriormente demolido de Bullas. Desde Bullas al Castillo de Mula y desde este último a la torre defensiva de Puebla de Mula (hoy conocida como la “Ermita Vieja”). Desde este último emplazamiento la noticia corría a Torres de Cotillas, Molina Seca y Monteagudo. Casi doscientos kilómetros cuyos emplazamientos urbanos quedaban así comunicados respecto a la peor de las noticias esperadas: la presencia del moro en el horizonte, y con él, de la desolación, la rapiña y la ruina. El aviso previo, mediante las señales ópticas mencionadas, permitía organizar la defensa y hasta salir al encuentro del enemigo, utilizando estrategias hoy difíciles de entender.
Cuando en 1296 efectúa Jaime II su intervención en el reino de Murcia, con el propósito de conquista y anexión para cerrar a Castilla la salida al Mediterráneo, el único temor que tuvo fue el saber que la única fuerza que podía oponérsele eran las órdenes militares. Para conseguir sus fines logró acuerdos preferentes con ellas, obteniendo su neutralidad a cambio de la continuidad de sus comendadores e independencia que, en algún caso, sería |
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Ángeles con Cruz |
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incluso con reconocimiento de su legitimidad. |
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Jaime II llegó a tomar Caravaca en marzo de 1296. Lo sabemos por una carta inédita de Berenguer de Cardona, Maestre del Temple en Aragón y Cataluña, a Llop Sanchos de Vergua, comendador de Ambel. En ella le comunica que el Capítulo de la Orden templaria que tenían previsto celebrar en Monzón por aquellas fechas, lo habrían de retrasar y celebrarlo posteriormente en Barcelona, ya que él se tenía que presentar en Caravaca, que acababa de ser conquistada por Jaime II. En catalán de la época, sin duda muy mal pronunciado por mí, dice el documento textualmente: “Fem vos saber que les gents del Señor Rey Han pres lo castell de Caravaca i els altres del Temple de aquella batlía. Nos habem a abar personalment amb alguns homes a cavall en aquelles partides per recobrar los dits castells al Temple i establirlos”. La Orden del Temple poco tiempo después obtuvo de Jaime II, el 30 de mayo de 1296, mientras mantenía su real sobre Mula, su especial protección. Días después, el 12 de junio, Jaime II recibía homenaje de fidelidad del comendador templario Lope Pays, asegurándole, a cambio, su favor real. Dos meses más tarde, en carta de 3 de agosto, Jaime II se dirigía a Lope Pays como Comendador de Caravaca, Cehegín y Bullas, encareciéndole le fueran devueltos los bienes retenidos a los hermanos Yusef y Abilzar, judíos vecinos de Mula.
La sentencia de Torrellas de 1304, que reintegraba a Castilla el Reino de Murcia, con pérdida de su parte más septentrional (la Gobernación de Orihuela), nos permite conocer el nombre de otro comendador templario caravaqueño: Beltrán de Ribasaltas, a quien la documentación menciona aún al frente de la bailía el año siguiente de 1305. |
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El último comendador conocido por la documentación histórica es Juan Yañez, quizás quien tuvo que vivir el dolor del desastre. Yañez es quien testimonió la confirmación que el maestre Rodrigo Yañez hizo a Cehegín del Fuero de Alcaraz en 1307, última de las noticias reales que en esta tierra tenemos documentada de la presencia de la Orden del Temple en Caravaca y su bailía.
A partir de 1307, incluidos los aciagos años en que se intuía lo peor, aunque a Caravaca llegaran las noticias tarde y sesgadas, a partir de 1307, como digo, la realidad se mezcla con la fantasía en lo que a partir de entonces se denomina el devenir legendario del Temple. Tras un período de realengo, Caravaca se concedió, en 1344, por el rey Alfonso XI a la Orden de Santiago, en la persona de su hermano bastardo D. Fadrique. Los santiaguistas ostentaron la tenecia de Caravaca desde entonces hasta mediado el S. XIX, cuando concluye en España el poder de las órdenes militares. Santiago recoge la herencia del Temple en una ciudad de claros orígenes culturales templaros, portando la antorcha de los valores que siempre defendieron las órdenes militares hasta su desaparición del escenario local. |
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Curiosamente, en un tan corto espacio de tiempo como el que los Templarios tuvieron la tenencia de la bailía de Caravaca, y que fue de 66 años en el caso de que su irrupción en estas tierras fuera en 1244, y 44 años en el caso de que esta irrupción se produjera en 1266, curiosamente, insisto, su impronta fue tan grande que hoy, casi 800 años después, las ciudades de Murcia y Caravaca, y más concretamente esta última, siguen manteniendo vivo el recuerdo del Temple.
Quizás fuera determinante la época romántica decimonónica en que murcianos y caravaqueños, y por extensión los españoles y los europeos, fuimos tan aficionados a la actualización en el espacio y en el tiempo de la época medieval.
El Romanticismo, como fenómeno cultural hispano y europeo gustó de la recreación medieval en sus más variados aspectos. Pero el Romanticismo hace más de siglo y medio que concluyó y en Caravaca se mantiene vivo el recuerdo templario, a pesar de que otras órdenes militares, posteriores en el tiempo, hayan querido incluso plantear a las nuevas generaciones la duda sobre la existencia histórica del temple.
La única y verdadera razón por la que en Caravaca se sigue manteniendo vivo y vigoroso el recuerdo y la cultura templaria es la referente a la presencia de la Vera Cruz.
Su llegada, misteriosa y sobrenatural a esta tierra, donde tiene y tendrá perpetuamente su trono terrenal, durante los primeros años de su presencia entre nuestros antepasados, los avatares posteriores, unos históricamente probados y otros vinculados a la leyenda, divulgados por los medios de comunicación medievales, cuales fueron los romances de ciego, los pliegos de cordel, los sermones y homilías de clérigos y misioneros, dieron a conocer no solo la presencia de la Cruz de Cuatro Brazos caravqueña en este lugar, sino los muchos prodigios que por su devoción obraba Dios mismo a quienes la invocaban.
Con la Cruz siempre al fondo, mencionándola o no, pero siempre en la mente del historiador o literato, hay una larga y profunda huella templaria en Caravaca, que resumiré brevemente para terminar. Durante los Siglos XVII y XVIII, en pleno barroco murciano y español, el TORREÖN que durante el Renacimiento se construyó en el paraje de LAS FUENTES DEL MARQUÉS se llamaba simplemente “Torre de las Fuentes”, e incluso en algún documento “Torrelasfuentes”. Esta torre, desde el primer tercio del S. XIX comenzó a denominarse entre las gentes, sin otra justificación que la evocación perpetua en el recuerdo de los caravaqueños a la Orden del temple…TORREÓN DE LOS TEMPLARIOS”. El nuevo nombre fue acuñado sin duda durante el Romanticismo y sobre el edificio han corrido desde entonces ríos de tinta en leyendas, cuentos y dichos, aumentados por al fantasía popular. La más hermosa de esas leyendas es la que en 1876 escribió Adolfo Rodríguez Gámez y que lleva por título “La Fuente de los Excomulgados”. Otros autores contemporáneos han imaginado argumentos, así mismo fantásticos, en el interior del edificio, entre ellos el profesor contemporáneo Juan Manuel Villanueva Fernández |
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Otra leyenda de asunto templario, viva en este caso, y pujante en la etnografía local, es la de “Los Caballos del Vino”, a la que mi antecesor, el Cronista Manuel Guerrero Torres dio forma literaria durante los años del Modernismo hispano.
En nuestra vieja y personalísima manera d concebir la Fiesta de la Cruz, antes de que, en el ecuador del S. XX llegara la reconversión de la misma que llega hasta hoy…el Bando Cristiano estaba integrado en su totalidad por caballeros templarios El cristiano tenía nombre propio: era “Templario”…el moro sin embargo…sólo era moro, carecía de apellido y de familia. Sólo era eso…moro.
Durante la reconversión de la Fiesta, a partir de 1959, un grupo de héroes caravaqueños, algunos de los cuales aún viven felizmente integrados en la sociedad local…decidieron encarnar a los viejos monjes guerreros del Temple, y fue el “GRUPO TEMPLARIO”el que, en el seno de aquel germen del Bando Cristiano, sentó las bases de lo que hoy es, y será a lo largo del S. XXI ese bando festero. |
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Ese grupo festero al que me refiero creó, en 1974, la revista que lleva por título “Templario”, de la que sólo se han editado cuatro volúmenes, la cual recuerda, al comenzar el S. XXI y el Tercer Milenio, la época templaria con toda dignidad. La revista a que me refiero, aunque sin grandes pretensiones editoriales, sirve, entre otras cosas, para mantener vivo, en nuestros días, el recuerdo del Temple.
El último recuerdo templario contemporáneo al mundo templario es urbanístico, y se trata de una plaza que el Ayuntamiento de Caravaca decidió nominar con este nombre en un barrio de moderno trazado, en el ensanche urbano abierto en los años sesenta de pasado S. XX. El Concejo en aquella ocasión no quitó nombre a ninguna viaja plaza de la localidad, sino que bautizó con el nombre de PLAZA DE LOS TEMPLARIOS a una moderna y activa superficie urbana, de importancia económica y social en nuestros días. |
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Sello |
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Finalmente y para concluir, haré mención al interés social que cualquier publicación referida al mundo templario despierta entre la sociedad murciana. La presencia del escritor Juan García Atienza en Caravaca, con motivo de algún acto cultural templario festero, ha revestido siempre carácter de acontecimiento. Aunque García Atienza no sea precisamente un ortodoxo historiador de la época templaria. La presentación, más cercana en el tiempo, del libro de nuestro buen amigo inmejorable escritor Antonio Galera Gracia: “El último secreto de los caballeros templarios”, revistió, así mismo carácter de acontecimiento cultural. En el libro referido, como se sabe, parte de la trama tiene lugar en el escenario caravaqueño. |
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El revuelo que marcó la presencia de la Soberana y Militar Orden del temple en Caravaca, con motivo del convento celebrado en marzo de 2003, es un ejemplo más de que el Temple no pasa desapercibido en Caravaca ni antes ni ahora mismo. Los recelos históricos siguen repitiéndose sin fundamento alguno…y el Temple sigue su camino hacia adelante…con la mirada puesta en l futuro, aunque sin despreciar para nada el pasado. La celebración de las PRIMERAS JORNADAS TEMPLARIAS EN MURCIA, en esta primavera temporal y climática mediterránea, debe servir, entre otras cosas, para seguir luchando por la difusión de la cultura y el ideal templario en el mundo contemporáneo. Es preciso encarar el futuro con valentía, sin complejos. Con la historia pasada en la mano y la mirada fija en el porvenir. La gran carga de fantasía e imaginación que tanto han perjudicado la verdadera, la real memoria histórica del |
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Óculo |
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Temple, ha de ser neutralizada por el rigor histórico. Aceptando el pasado sin reservas pero haciendo presente cada día. El proyecto de la Fundación “Instituto Campomanes”, de Estudios Medievales, es suficientemente serio como para ser tenido en cuenta al margen de ideologías políticas, y mucho más al margen de arribistas e iluminados.
El espíritu templario existe. Los valores de la cultura templaria siguen vigentes en nuestra actualidad más reciente. Se hace preciso, sin embargo, reivindicar para las futuras generaciones la verdadera memoria histórica de la Orden, despojada de supercherías, frivolidades y mentiras que han ido acumulándose sobre su recuerdo por culpa de desaprensivos e intereses mezquinos que no viene al caso ni recordar. Ese el Temple del que me enamoró mi viejo amigo el diplomático Fernando Sebastián de Erice, a quien animaba obsesivamente la idea de conseguir, entre otras muchas personas de buena voluntad, que el buen nombre del Temple brillara con la luz propia que interiormente tiene, y que fue empañada a lo largo de los siglos por fábulas sin crédito que algunos se empeñaron en propagar. A conseguir el viejo deseo de tan honorable anciano caravaqueño, les animo en su nombre… y en el nombre de la verdad histórica en la que todos estamos comprometidos |
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José Antonio Melgares Guerrero.
20 de abril de 2007. |
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QUEDA PROHIBIDA LA UTILIZACIÓN TOTAL O PARCIAL DEL TEXTO SIN AUTORIZACIÓN DEL AUTOR, BAJO LAS RESPONSABILIDADES LEGALES A QUE HUBIERE LUGAR |
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